Cómo ayudo a mi hijo a hacer amigos

La época de inicio de clases trae consigo una gama de ansiedades no solo para los niños sino para los padres también, especialmente en el ámbito social. Una inquietud frecuente que llega a mi consultorio es: “¿Cómo ayudo a mi hijo a hacer amigos?”; ya sea porque recién están empezando, o porque han cambiado de colegio.  A veces mi respuesta es otra pregunta: “¿Qué le hace pensar que su hijo no pueda hacer amigos por sí solo?”

Esto usualmente hace que justifiquen sus temores sobre sus hijos: “es que es tímido”, “tuvo problemas en su colegio anterior”, “es introvertida”, “no le gustan los deportes”, “es muy brusco”, “es muy blanda”, etc. La realidad es que lo único que me están confirmando es que como padres tenemos mucho miedo a que nuestros hijos sufran igual a como pudimos haber sufrido en nuestra infancia, y entonces transmitimos ese miedo a nuestros hijos mandando el mensaje de “tú no puedes hacer esto solo” ofreciendo ayuda que realmente no es tan necesaria. Al querer intervenir en la vida social de nuestros hijos, inconscientemente estamos emitiendo un juicio sobre ellos de que algo más que su propia autenticidad es necesaria para hacer amigos.

¿Y qué significa “hacer amigos”?

Muchos tienen la idea de que es importante el tema de “pertenecer” a un grupo. Al momento que soy aceptado a un grupo, entonces ya estoy protegido de cualquier amenaza social. ¿Pero qué implica pertenecer? Para muchos significa mostrarme interesado en las cosas que a otros les interesa, o vestirme a la moda para que no me rechacen, hacer las mismas bromas o incluso portarme complaciente con todos. Esto no es querer pertenecer, esto es querer encajar.

Es pertinente que como padres recalquemos la diferencia entre una y la otra; cuanto que encajar significa ser aceptado por ser iguales a todos, pertenecer es ser aceptado por ser uno mismo. Por ende, también tenemos que dar el ejemplo. Como los adultos ejemplares de la vida de nuestros hijos, es importante que hagamos las paces con nuestras imperfecciones, que nos aceptemos y amemos tal y como somos, ya que, a pesar de las lecciones verbales que podamos predicar con ellos, nuestros hijos absorben más por observar y modelar a sus padres.

La seguridad y confianza se forja desde la infancia y desde nuestras relaciones primarias de apego. Por eso, como padres debemos de aceptar a nuestros hijos tal y como son; al momento que empezamos a conectar con nuestros hijos desde un espacio de no-juicio y entera aceptación, de ellos brotará la auto-aceptación y auto-valor que ya reside en ellos, y por consiguiente, el impulso natural y autentico para conectar también con otras personas a su alrededor. Así, probablemente no será el centro de atención de su clase, pero nuestro hijo se sentirá seguro que sus amistades fueron construidas desde un sentido de valor propio y de la libertad de ser fiel a sí mismo.

Autor: Jennifer Petersen / Psicóloga Clínica

Autor entrada: admin

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