¿Disciplinar con amenazas a nuestros hijos?

«Si no recoges tus juguetes, se van a la basura» , «Termina tus tareas o no podrás ver caricaturas», «Deja de pelear con tu hermana o no habrán carritos para ti hoy». ¿Te suenan este tipo de amenazas para disciplinar a tus hijos? Probablemente algunas de ellas funcionaron en algún momento, pero ahora por el contrario, tu hijo/a se burla, te desafía o te reta. Amenazar a nuestros hijos para que obedezcan y hagan lo que les solicitamos, sólo incrementará su posición desafiante y retadora.


La amenaza: el castigo que no llega

Hablando las cosas como son: la amenaza tiene como fin intimidar a alguien porque se le causará un daño o perjuicio. Pero ¿sabes cómo traducen esto los niños? Que algo malo y muy grave le va a pasar a él, a su familia o a un objeto preciado. Esto provoca que ellos sientan que tienen que luchar, pelear o transgredir para cuidar aquello que es amenazado.

Tal vez las primeras veces sí funcione, pero a medida que nuestros hijos vayan creciendo y se den cuenta que quien lo amenaza no cumple su intimidación; o bien, que puede pelear aún más para proteger lo que está bajo amenaza, ya no creerá en ese método de disciplina.

¿Sirven las amenazas?

Consecuencias sí, amenazas no. Las consecuencias tienen como resultado natural algo positivo o negativo. Por ejemplo, si no te bañas olerás mal (el resultado natural es ese) o si haces la tarea pronto, tendrás más tiempo para jugar (el resultado natural es ese). Por el contrario, las amenazas generan miedo, inseguridad, enojo, malestar e inquietud, incluso llanto y estrés. Aquí te compartimos 4 razones por las que las amenazas no funcionan:

1. Las amenazas merman la confianza: queremos el respeto, confianza y amor de nuestros hijos, y no que nos tengan miedo. Las amenazas generan temor, somatizando emociones que hasta los pueden enfermar. Además, cuando no cumplimos las amenazas, empezamos a perder credibilidad frente a ellos.

2. Las amenazas generan un estado de alerta, de cierto nerviosismo que no nos deja sentir en paz o tomar decisiones asertivas. Imagina a un niño amenazado por alguien que debería representar su mundo y lugar seguro y quien en cambio, representa en sí mismo la condición de hacerle daño de alguna manera cuando lo amenaza.

3. Las amenazas de castigo como única herramienta de crianza, provocan que los niños se asusten y además generan un patrón tóxico de conducta que debilita la relación entre padres e hijos. Para que nuestros hijos confíen en nosotros debemos estar para las pequeñas cosas, para que cuando lleguen las grandes también se acerquen sin miedo a ser rechazados.

4. A veces los castigos, cuando se cumplen, van acompañados por formas humillantes (gritos, reclamos, sermones interminables y repetitivos y a veces hasta golpes) y eso, no deja sana memoria, sino huellas de maltrato y abandono que lastiman el corazón y la esencia de un niño.

Incluso, si los padres no cumplimos lo que advertimos o prometemos, empezamos a perder la autoridad frente a ellos y en consecuencia, menos nos tomarán en cuenta y obedecerán, lo que podría generar mayor rebeldía. Por eso, lo más conveniente, es buscar estrategias de crianza que ayuden a los padres y a los niños a tener una sana convivencia.

Disciplina positiva

Para educar a los niños y niñas se hace necesaria la disciplina. Los pequeños necesitan saber lo que pueden y no pueden hacer. Aprender que son responsables de sus actos y que toda acción tiene por lo tanto una consecuencia. La disciplina les ayuda a aprender las formas adecuadas de comportarse y actuar. En los primeros años, la existencia de disciplina y normas les aportará seguridad, ya que tendrán una guía para saber cómo actuar.

  1. Identifica metas a largo plazo. Es decir, quieres que tu hijo todos los días haga la tarea, todos los días se lave los dientes, todos los días tienda su cama, no solo una o dos veces.
  2. Proporciona calidez. Explica con voz cálida, pausada y cordial la instrucción a tu hijo, lo tienes que hacer sin saturarlo. Le puedes poner una lista con dibujos agradables y que los vaya haciendo de uno en uno.
  3. Brinda estructura. Significa siempre ser coherente con lo que pides en tiempo y forma. Dale sus deberes por horarios o por momentos del día (por la mañana, tarde, atardecer, noche). En casa todos deben cumplir (incluyéndote) con los deberes en los tiempos acordados.
  4. Comprende cómo piensan y sienten tus hijos. Recuerda que tus hijos están creciendo y no piensan ni sienten como tú. Fomenta la auto-reflexión y ponte en su lugar de vez en vez.
  5. Soluciona problemas. No se trata de crear conflictos, vivir en regaños, llegar a los golpes. Tienes que solucionar problemas no generarlos.

La disciplina no es una imposición de normas, reglas y formas de actuar. La disciplina es un medio para el desarrollo sano y feliz de los pequeños, un camino para enseñarles a ser autónomos y responsables, que no perjudique su autoestima y no provoque reacciones negativas. 

La disciplina positiva se basa en el respeto y tiene como objetivo favorecer la maduración de los niños y niñas, para que sean adultos responsables, autónomos y felices.

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