Fomentando la capacidad de adaptación

Cuándo pensamos en regreso a clases, tenemos en mente muchas cosas: horarios, rutinas, cambios, inicios, elecciones etc. Para mi, todo se puede resumir en una sola palabra que predice el bienestar y felicidad en los demás también: adaptación.

La vida trae consigo inevitablemente muchos cambios, y es importante ayudar a nuestros hijos a convertirse en seres humanos capaces de manejarlos. A continuación, les comparto algunos puntos que pueden servirles.

1. La velocidad de adaptación es distinta para cada niño. “Obligar” al niño a adaptarse es la peor receta para lograrlo. Cada niño llegará a sus hitos de independencia a su ritmo; si este es respetado, acompañado y proveído de las herramientas y espacios necesarios para lograrlo, no tendrá ningún problema. Además, la adaptación del niño está muy ligada a las expectativas de los padres: cuando estos confían en su hijo y en su capacidad, es mucho más probable que a su vez, el niño cumpla con esta expectativa.

2. Una etapa de dificultad es parte del proceso. Algunos niños pueden ser más temerosos y necesitar de más tiempo para sentirse cómodos. En lugar de percibir esta dificultad como un “fallo”, veámosla como simplemente la parte inicial de su proceso de adaptación. Por lo mismo, es un buen momento para mostrarles nuestra comprensión y apoyo en su proceso (en lugar de mostrarles nuestra frustración) para que puedan pasar a la siguiente etapa de forma adecuada.

3. La capacidad de un niño de ser “adaptable” tiene cimientos en la relación que tiene con sus cuidadores principales. Como padres, la relación que tenemos con nuestros hijos es la mayor influencia que tendremos sobre ellos. Somos el espejo a través del cual ellos se ven, y los lentes a través de los cuales ellos observan el mundo. Una relación cercana, de empatía, respeto, comprensión, sostén, y firmeza es el mejor camino hacia su adaptabilidad. Nuestros hijos imitan nuestros patrones de comportamiento. Observan y absorben la manera en la que manejamos las pequeñas crisis a las que nos enfrentamos: ¿cómo manejamos un cambio de planes a última hora?, ¿cómo respondemos cuando nuestra pareja hace algo que no esperábamos?, ¿cómo hablamos por teléfono cuando estamos tratando de resolver un problema? Ellos están escuchando, observando e interiorizando. 

4. El ambiente en casa. ¿Queremos que nuestros hijos puedan adaptarse fácilmente a los cambios de la vida? No hay una receta mágica, pero todo empieza en casa. En casa, un ambiente dónde se sientan seguros, con niveles relativamente bajos de estrés y ansiedad, hace mucho más fácil cualquier proceso de adaptación fuera de ella. La casa, es el lugar en donde el cerebro de los niños puede descansar y “conectar” todos los aprendizajes y momentos de “crisis” enfrentados durante el día. Un ambiente positivo en casa es el mejor lugar de trabajo y maduración para un pequeño cerebro que está en completo crecimiento.

5. Explicar. Por último pero no menos importante: los niños entienden mucho antes de desarrollar la capacidad de hablar. Desde bebés es positivo explicarles lo que sucederá a continuación: “ahora voy a cambiarte el pañal”, “ahora voy a pasar un poco de agua sobre tu cabeza”, “ahora voy a levantarte/cargarte”. Es muy común que como adultos nos olvidemos que nuestros hijos no son “pequeñas personas”: son personas como cualquiera, y por lo mismo merecen nuestro respeto y guía ante un mundo y rutina relativamente nuevos para ellos. Conforme crecen, no debemos dejar de explicarles los eventos que se aproximan, esto les ayuda a reducir su ansiedad y a prepararse mental y emocionalmente para lo que viene.

Autor: Andrea Cabrera Lara / Psicóloga Clínica / andreacabreralara@gmail.com

Autor entrada: admin

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