Salud, trabajo y familia

Definitivamente con la maternidad llegaron nuevos retos a mi vida, como supongo que les pasa a todas las madres, los primeros meses hubiera hasta pagado por poder tener tiempo para tomar una ducha como la gente y supongo que no soy la primera ni la última.

El momento más difícil que tuve que enfrentar fue volver al trabajo. Deseaba tanto tener a mi pequeñito de meses de vida conmigo todo el día pero tenía que enfrentar la realidad, me sentía muy desmotivada y además no estaba contenta con mi cuerpo y mi estado de ánimo estaba por los suelos, pero por dentro sabía que tenía que ser fuerte y seguir adelante.

Así fue como el mismo día que volví a trabajar decidí inscribirme en un gimnasio: ese día mi vida cambió para siempre. A mis 30 años, nunca imaginé todos los beneficios que traería a mi vida esa decisión. Con el tiempo, mi cuerpo agradeció la rutina de ejercicios, tenía más energías, me volvía más fuerte, perdía peso rápidamente y tenía una motivación para salir temprano de casa todas las mañanas. Es un proceso que aún continúa, empecé entrenando 45 minutos una clase de functional training 4 veces por semana y fue un par de meses después cuando en mi primera consulta con la nutricionista mis ojos se abrieron y decidí que no sería solo el ejercicio sino que cambiaría mis hábitos alimenticios. Como les digo, es un proceso que toma tiempo. Inicié con cambios pequeños, nunca fue un cambio drástico:  cambiando productos procesados por alimentos naturales, tomando más agua, tomando mejores decisiones y así hasta llegar a ser la mama fitness cero excusas que soy hoy.

Desde hace 3 años que he aprendido a organizar mi vida laboral, familiar y por su puesto a llevar a mi familia por el mismo camino. Tengo un niño de 3 años que toma jugos verdes, hace deporte y es plenamente feliz. Los domingos muy temprano nos vamos juntos al mercado a elegir las frutas y verduras de la semana, preparamos nuestras comidas con anticipación, de modo que si llego tarde o muy cansada del trabajo, solo hay que abrir la refrigeradora y tener opciones saludables a la mano. Me toca hacer algunos sacrificios como madrugar mucho para poder llevar la rutina de entrenamiento que tengo hoy en día de hasta 2 horas entre salir a correr, que es uno de mis nuevos amores y mis clases de functional a las que nunca renuncié. Mientras ellos duermen los domingos, aprovecho para hacer carreras un poco más largas y luego pasar el resto del día con ellos sin que noten mi ausencia. También procuro salir temprano de la oficina para dedicarles el tiempo que mi hijo y esposo necesitan.

Todo se puede lograr, si uno realmente le pone amor y disfruta lo que hace, aunque vivimos lejos de la ciudad, en este proceso he recibido el apoyo de personas claves que le han agregado valor a lo que hasta hoy he logrado. Una mamá feliz es igual a una familia más feliz y la salud es contagiosa, espero de corazón contagiar a otras mamás a enamorase de este estilo de vida.

 

La frase que más te mantiene motivada: La frase que más me motiva es una de Aristóteles que dice: “Somos lo que hacemos repetidamente, la excelencia entonces, no es un acto, es un hábito.”

Qué es lo que más te gustaría que tu hijo recuerde de ti: Me encantaría que Matías me recuerde motivándolo a ser un niño activo, sano, feliz y  lo bien que la pasamos haciendo ejercicio, que recuerde que sus papás queremos devolverle a la vida un poquito de tanto que nos ha dado, ayudando a los demás.
Un secreto que quieras compartir para las mamás que deciden empezar este estilo de vida…
A las mamás les diría, no piensen nunca que es tarde para empezar, iniciar en un estilo de vida saludable es un acto de amor propio y amor para los nuestros. Todo inicia con pequeños cambios, el secreto es la constancia.

Connie Leal de Coronado

Autor entrada: admin

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